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viernes, 22 de marzo de 2013

Bertolt Brecht, Parábola de Buda sobre la casa en llamas



Bertolt Brecht, Parábola de Buda sobre la casa en llamas

Gautama, el Buda, enseñaba la doctrina de la Rueda de los Deseos,
a la que estamos sujetos, y nos aconsejaba
liberarnos de todos los deseos para así,
ya sin pasiones, hundirnos en la Nada, a la que llamaba Nirvana.
Un día sus discípulos le preguntaron:
«¿Cómo es esa Nada, Maestro? Todos quisiéramos
liberarnos de nuestros apetitos, según aconsejas, pero explícanos
si esa Nada en la que entraremos
es algo semejante a esa fusión con todo lo creado
que se siente cuando, al mediodía, yace el cuerpo en el agua,
casi sin pensamientos, indolentemente; o si es como cuando,
apenas ya sin conciencia para cubrirnos con la manta,
nos hundimos de pronto en el sueño; dinos, pues, si se trata
de una Nada buena y alegre o si esa Nada tuya
no es sino una Nada fría, vacía, sin sentido.»
Buda calló largo rato. Luego dijo con indiferencia:
«Ninguna respuesta hay para vuestra pregunta.»
Pero a la noche, cuando se hubieron ido,
Buda, sentado todavía bajo el árbol del pan, a los que no le
habían preguntado
les narró la siguiente parábola:
«No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo
era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí
que aún había gente en su interior. Fui a la puerta y les grité
que el techo estaba ardiendo, incitándoles
a que salieran rápidamente.
Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó,
mientras el fuego le chamuscaba las cejas,
qué tiempo hacía fuera, si llovía,
si no hacía viento, si existía otra casa,
y otras cosas parecidas. Sin responder,
volví a salir. Esta gente, pensé,
tiene que arder antes que acabe con sus preguntas.
Verdaderamente, amigos,
a quien el suelo no le queme en los pies hasta el punto de
desear gustosamente
cambiarse de sitio, nada tengo que decirle.» 

Así hablaba Gautama, el Buda.
Pero también nosotros, que ya no cultivamos el arte de la paciencia
sino, más bien, el arte de la impaciencia;
nosotros, que con consejos de carácter bien terreno
incitamos al hombre a sacudirse sus tormentos; nosotros
pensamos, asimismo, que a quienes,
viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo,
aún siguen preguntando cómo solucionaremos tal o cual cosa
y qué será de sus huchas y de sus pantalones domingueros
después de una revolución,
a ésos poco tenemos que decirles.

Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898 – Berlín, 1956), Historias de al­manaque, 1939

lunes, 30 de julio de 2012

La dicha de la sabiduría


La dicha de la sabiduría (Fragmento)

La mayoría de nosotros, cuando miramos u oímos algo u observamos un pensamiento o emoción, realizamos algún tipo de juicio sobre esta experiencia. Este juicio se puede ver en términos de tres ramas básicas: la rama me gusta , la rama no me gusta y la rama no lo sé . Cada una de estas ramas se divide, a su vez, en ramas más pequeñas: la rama bueno ; la rama malo ; la rama agradable ; la rama desagradable , y la rama me gusta porque? ; la rama no me gusta porque? ; la rama podría ser bueno o malo : la rama podría estar bien o no ; la rama podría ser bueno malo, agradable y desagradable, y la rama no es ni bueno, ni malo, ni agradable, ni desagradable . Las posibilidades representadas por todas estas ramas estimulan a ese pajarito inquieto, que es la mente, a saltar de una a otra para investigarlas. 

Para remediarlo, los maestros aconsejan la práctica del shamatha, que consiste en desprendernos de nuestros juicios y opiniones y simplemente observar, o prestar atención a lo que vemos desde la rama en la que nos hayamos posado. Y que en lugar de saltar de rama en rama para conseguir una mejor vista, observaremos cada rama u hoja, prestando atención a su forma o color. Descansaremos en una rama. Estar atentos a nuestra experiencia de esta manera nos permite distinguir nuestros juicios y opiniones de la simple experiencia de ver.

Esta práctica tiene profundas implicaciones a la hora de responder a emociones difíciles y a los diversos problemas que se presentan en nuestra vida cotidiana. En la mayoría de los casos, nuestras experiencias están condicionadas por la rama en que nos hemos posado. Pero sólo observando directamente nuestra experiencia podremos ver cada rama y cada hoja tal como es, y nuestras opiniones y juicios tal como son: no todos entremezclados, sino como aspectos distintos de la experiencia. En ese momento en que nos detenemos para ser conscientes, nos abrimos no sólo a la posibilidad de eludir las ideas, sino también a reaccionar directamente a cada experiencia a medida que se produce.

Esta simple conciencia es una expresión de la claridad de nuestra naturaleza de buda: la capacidad de ver y darnos cuenta de qué estamos viendo, sin aferrarnos a ningún concepto que nuble nuestra visión.

Lama Yongey Mingyur Rimpoché

Gabriel José García Márquez

Gabriel José García Márquez   Aracataca ,   Magdalena ,   Colombia ;   6 de marzo   de   1927 Ciudad de México ,   México ;   17 de abril   ...