domingo, 9 de febrero de 2014

UN ANÁLISIS DE LA POBREZA CONTEMPORÁNEA

UN ANÁLISIS DE LA POBREZA CONTEMPORÁNEA
La causa de la igualdad en un mundo incierto
 Zygmunt Bauman
Liberadas de la rienda de la política y de las coacciones locales, la rápida globalización y la creciente economía extraterritorial producen brechas cada vez más grandes entre los ingresos de los sectores más ricos y los más pobres de la población mundial, y dentro de cada sociedad. Además, hay porciones cada vez más grandes de la población que no sólo se ven arrojadas a una vida de pobreza, miseria y destitución, sino que por añadidura se encuentran expulsadas de lo que ha sido socialmente reconocido como un trabajo útil y económicamente racional, convirtiéndose así en prescindibles  en lo social y en lo económico.

Según el informe más recientes del proyecto de desarrollo de las Naciones Unidas (tal como apareció en Le monde el 10 de septiembre de 1998), mientras que el consumo global de bienes y servicios fue en 1997 el doble que en 1975 y se multiplicó seis veces desde 1950, hay mil millones de personas “que no pueden satisfacer siquiera sus necesidades elementales”. Entre los 4.500 millones de habitantes de los países (en vías de desarrollo), 3 de cada 5 no tienen acceso a infraestructuras básicas: un tercio no tiene acceso al agua potable, un cuarto no tiene viviendas que merezcan ese nombre, un quinto carece de servicios sanitarios y médicos. Uno de cada 5 niños tiene menos de 5 años de instrucción de cualquier tipo, y una proporción similar padece desnutrición. En 70 u 80 de los cien países (en desarrollo) el ingreso medio per cápita de la población es actualmente inferior al de hace 10 años e incluso 30 años atrás: 120 millones de personas viven con menos de un dólar por día.

Al mismo tiempo, en los Estados Unidos, que es por lejos el país más rico del mundo y la patria de la gente más rica del mundo, el 16,5 por cien de la población vive en la pobreza; un quinto de los adultos no sabe leer ni escribir, en tanto el 13 por ciento tiene una expectativa de vida inferior a los 60 años.
Por otra parte, los hombres más ricos del globo tiene un patrimonio privado mayor que la suma de los productos nacionales de los 40 y 80 países más pobres; la fortuna de las 15 personas más ricas excede el total de producto de toda África Subsahariana. Según el informe, menos del 4% de la riqueza de las 225 personas más ricas bastaría para brindar a los pobres del mundo acceso a cuidados sanitarios y educativos elementales, así como una nutrición adecuada.
Los efectos de esta preocupante tendencia contemporánea han sido ampliamente examinados y debatidos, aunque, por razones que ya deberían entenderse perfectamente, se han tomado muy pocas medidas destinadas a contrarrestarlos, salvo algunas ad hoc, poco definidas y fragmentarias, y no se ha hecho nada por detener la tendencia. Esta reiterada historia de preocupación e inacción ha sido contada y vuelta a contar muchas veces, sin ningún beneficio visible hasta el momento. No tengo la intención de repetir la historia una vez más, sino más bien de cuestionar el encuadre cognitivo y el conjunto de valores con los que la ha sido evaluado; un encuadre y un conjunto que impiden la plena comprensión de la gravedad de la situación y, por lo tanto, tampoco permiten la búsqueda de alternativas factibles.

El encuadre cognitivo en que suele situarse todo debate sobre la creciente pobreza es puramente económico (en sentido de “economía” primordialmente como la suma de transacciones mediadas por el dinero): el encuadre de la distribución de la riqueza y los ingresos y de acceso a un empleo remunerado. Ocasionalmente, suele expresarse además cierta preocupación por la seguridad del orden social, aunque casi nunca —y con razón— en voz alta, ya que algunas mentes agudas podrían ver en la terrible situación de los pobres contemporáneos una amenaza tangible de rebelión. Ni el encuadre cognitivo ni la escala de valores son erróneos en sí mismo. Más precisamente, no son erróneos en lo que denotan, sino en lo que glosan en silencio y ocultan a la vista.

Uno de los hechos suprimidos es el rol que desempeñan nuevos pobres en la reproducción y la vigorización en la clase de orden global que es la causa misma de su indigencia y del “miedo ambiente” que vuelve desdichadas las vidas de todos los demás; otro es el grado en el que la auto perpetuación del orden global depende de esa indigencia y de ese miedo en el ambiente. Karl Marx en la época de emergencia del capitalismo salvaje, todavía no domesticado, todavía demasiado iletrado, como para descifrar los mensajes escritos en los muros, dijo que los trabajadores no pueden liberarse sin liberar al resto de la sociedad. Podría decirse ahora, en la época del capitalismo triunfante, que ya no presta atención a los mensajes escritos en los muros (ni a los muros mismos) que el resto de la sociedad humana no puede liberarse de su “miedo ambiente” ni de su impotencia si su parte más pobre no es liberada de sus penurias.  Sacar a los pobres de su pobreza no es tan sólo un asunto de caridad, conciencia y deber ético, sino una condición indispensable (aunque meramente preliminar) para reconstruir una República de ciudadanos libres a partir de la tierra baldía del mercado global.

Para decirlo brevemente: la presencia de un gran ejército de pobres y la publicidad dada a su escandalosa situación son un factor de contrapeso de gran importancia para el orden existente. Cuanto mayores sean la indigencia y la deshumanización de los pobres del mundo y de los de la calle de al lado, y cuanta más se las muestre, tanto mejor desempeñarán en un drama que ellos no escribieron y en el que no se postularon como actores.

En otras épocas, la gente era inducida a soportar con docilidad su destino mediante imágenes, vívidamente pintadas, del infierno, siempre presto a tragarse a cualquier culpable de rebeldía. Como todas las cosas sobrenaturales y eternas, el inframundo dedicado a conseguir un efecto similar ha sido traído a la tierra, firmemente situado de los confines de la vida terrenal y presentado de manera de permitir un consumo instantáno. Los pobres son EL OTRO de los asustados consumidores... el Otro que, por una vez, es verdadera y plenamente el infierno. En un aspecto vital, los pobres son aquellos que el resto querría ser (aunque no se atreven): seres libres de la incertidumbre. Pero la incertidumbre que les toca viene bajo la forma de enfermedades, crímenes y calles infectadas por la droga (eso si les toca vivir en Washington DC), o de una lenta muerte por desnutrición (si viven en Sudán). La lección que aprendemos de los pobres es que la certidumbre debe ser más temida que la destetada incertidumbre, y que el castigo por rebelarse al sufrimiento provocado por la incertidumbre cotidiana es inmediato y despiadado.

La imagen de los pobres mantiene a raya a los no pobres y, de ese modo, perpetúa su vida de incertidumbre. Los insta a tolerar con resignación esa incesante “flexibilización” del mundo. La visión de los pobres encarcela la imaginación de los no pobres y les ata las manos. No se atreven a imaginar un mundo diferente; tienen buen cuidado de no hacer ningún intento de cambiar el que existe. Mientras esta situación se mantenga hay poquísimas —por no decir ninguna— posibilidad de que exista una sociedad autónoma, auto constituida, de la república y de los ciudadanos.
Esta es una buena razón para que la economía política de la incertidumbre incluya, en calidad de ingrediente indispensable, el “problema de los pobres”, considerándolo alternativamente como tema de la ley y el orden o como objeto de preocupación humanitaria... pero solamente en una de esas dos representaciones. Cuando se emplea la primera representación, la condenación popular de los pobres —como depravados más que como carenciados— se asemeja tanto como es posible a quemar la efigie del miedo popular. Cuando se usa la segunda representación, la ira contra la crueldad y contra la indiferencia de los azares del destino puede canalizarse a través de inocuos carnavales de caridad, y la vergüenza que produce la pasividad se evapora en breves explosiones de solidaridad humana.

Día a día, sin embargo, los pobres del mundo y del país hacen su silencioso trabajo, socavando la confianza y la resolución de todos aquellos que tienen empleo y un ingreso regular. El vínculo entre la pobreza de los pobres y la rendición de los no pobres no tiene nada de irracional. El hecho de ver a los indigente y destituidos es, para todos los seres coherentes y sensibles, un oportuno recordatorio de que incluso la vida más próspera es insegura y de que el éxito de hoy no impide la caída de mañana. Existe una sensación, bien fundada, de que el mundo está cada vez más superpoblado; de que la única opción que tienen los gobiernos de los países es, en el mejor de los casos, la de optar entre una pobreza generalizada con alto nivel de desempleo —como ocurre en la mayoría de los países europeos— y una pobreza generalizada con un poco menos de desempleo, como en los Estados Unidos. Las investigaciones académicas confirman esa  sensación: cada vez hay menos trabajo pago. Y esta vez, el desempleo parece más siniestro que nunca. No parece producto de una “depresión económica” cíclica, una temporaria condensación de la miseria que será disipada por el siguiente boom económica.

Tal como argumentaba Jean Poul Marèchal, durante la época de “intensa industrialización”, la necesidad de construir una enorme infraestructura industrial y de conseguir grandes maquinarias justificó la creación regular de más empleos de los que desaparecerían como consecuencia de la aniquilación de las artes y oficios tradicionales; pero evidentemente ya no ocurre lo mismo. Hasta la década de 1970, todavía seguía existiendo una relación positiva entre el aumento de la productividad y las dimensiones del empleo; desde entonces, la relación se hace más negativa cada año. Por lo que parece, se cruzó un importante umbral en el transcurso de los años 70 y se dejó atrás una continua línea de desarrollo que persistió durante por lo menos un siglo. Según investigaciones comparadas realizadas por Olivier Marchans, en Francia el volumen de trabajo disponible en 1991 era tan sólo el 57 por ciento del que se ofrecía en 1891: 34.100 millones de horas en lugar de 60.000 millones. Durante ese período, el PBI se multiplicó por 10 y la productividad horaria se multiplicó por 18, mientras que el número total de personas empleadas creció, en 100 años, de 19 millones de personas a alrededor de 22 millones. Se han registrado tendencias semejantes en todos los países que iniciaron el proceso de industrialización en el siglo XIX. Las cifras justifican que hay razones para sentirse inseguro incluso en el empleo más estable y regular.

La reducción del volumen de empleo no es, sin embargo, la única razón de inseguridad. Los empleos que aún pueden conseguirse ya no están resguardados contra los impredecibles azares del futuro; podríamos decir que el trabajo es, en la actualidad, un ensayo diario para la prescindibilidad. La “economía política de la inseguridad” se ocupó de que las defensas ortodoxas fueran desmanteladas y de que a las tropas que las mantenían fueran desbandadas. El trabajo se ha vuelto “flexible”, algo que, dicho con claridad, significa que ahora los empleadores pueden despedir a los empleados a voluntad y sin compasión, y que la acción solidaria —y eficaz— de los sindicatos en defensa de los despedidos es cada vez más una fantasía. “Flexibilidad” también significa la negación de la seguridad: casi todos los trabajos disponibles son de tiempo parcial o por un tiempo fijo, casi todos los contratos son “renovables” con suficiente frecuencia como para impedir que cobre fuerza el derecho a una relativa estabilidad. “Flexibilidad” también significa que la antigua estrategia vital de invertir tiempo y esfuerzo para lograr capacitación especializada, con la esperanza de lograr una remuneración constante, tiene cada vez menos sentido; por lo tanto, ha desaparecido la opción que antes era más racional para las personas que anhelaban una vida segura.

 La subsistencia —esa roca en la que deben descansar todos los proyectos y todas las aspiraciones vitales para ser factibles, para tener sentido y para justificar la energía que requiere su creación  (o, al menos, el intento de concretarlos)— se ha vuelto frágil, errática y poco confiable. Lo que los partidarios de los programas de “bienestar para trabajar” no toman en cuenta es que la función de la subsistencia no es tan sólo proporcionar un medio de manutención día a día para empleados, y dependientes, sino algo de igual importancia: ofrecer una seguridad existencia sin la que no se puede conseguir la libertad ni la autoafirmarción y que es el punto de partida de toda autonomía. En su forma actual, el trabajo no puede ofrecer esa seguridad aun cuando consiga cubrir los costos de seguir con vida. El camino del bienestar para trabajar conduce de la seguridad a la inseguridad, o de menos inseguridad a una inseguridad mayor. Ese camino que incita a la mayor cantidad de gente a seguirlo, hace un eco adecuado a los principios de la economía política de la inseguridad.

Repitámoslo una vez más: la inestabilidad endémica de la vida abrumadora en la  mayoría de hombres y mujeres contemporáneos es la causa última de la actual crisis de la república... y, por lo tanto, de la desaparición y el angostamiento de la “sociedad buena” como propósito y motivo de la acción colectiva en general y de la resistencia contra la progresiva erosión del espacio privado-público, el único del que pueden surgir y florecer la solidaridad humana y el reconocimiento de las causas comunes. La inseguridad engendra más inseguridad; la inseguridad se auto perpetua. Tiende a atar un nudo gordiano imposible de desatar, que sólo puede ser cortado.

El problema es encontrar el lugar donde el cuchillo de la acción política pueda aplicarse con mayor efecto. Tal vez haya que concebir un coraje y una imaginación iguales a los de Alejandro Magno.


En busca de la política, Zygmunt Bauman. Fondo de Cultura Económica. México. 2002.

sábado, 1 de febrero de 2014

T E M O R E S

No sé si me parece a mi, o estoy más atento o últimamente veo mucho temor por todos lados. Es como si el signo de estos tiempos sea el miedo: Miedo a querer, miedo a invertir, miedo a avanzar, miedo a salir, miedo a lo nuevo, miedo a lo raro, miedo a salir de la zona de confort aunque no sea feliz, miedo a vivir "otra vez lo mismo", miedo a "sufrir otra vez", miedo al cambio, miedo a abrir mi corazón, miedo a amar...
Por eso quería compartir con ustedes este texto que nos dice que quizás sea normal tener miedo, pero acto seguido, miremos adelante y sonriamos a ese futuro incierto.

T E M O R E S

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo.
Temía fracasar, hasta que me di cuenta que
únicamente fracaso cuando no lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta
que me di cuenta que de todos modos opinan.

Temía me rechazaran, hasta que entendí
que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que
éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final,
sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta
que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo.
Temía hacerme viejo, hasta que
comprendí que ganaba sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que
es sólo mi proyección mental y ya
no puede herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta
que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que
aún la mariposa más hermosa necesitaba
pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y
si nos sentimos desfallecer
no olvidemos que al final siempre hay algo más.

Hay que vivir ligero porque el tiempo de morir está fijado.

Ernest Hemingway

lunes, 20 de enero de 2014

21 MENSAJES PARA TRANSMITIR A CADA MIEMBRO DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN

21 MENSAJES PARA TRANSMITIR A CADA MIEMBRO DE LA SIGUIENTE GENERACIÓN 

1.-Eres un ser deseado. Estás aquí porque el Universo lo quiso.

2.-Siente que eres libre de ser lo que eres, no permitas que nada ni nadie te etiquete, ni te imponga guiones que no se corresponden con tu autenticidad.

3.-Cada ancestro de tu árbol es un don que hay dentro de ti para ser usado a tu favor y al de todo el Universo.

4.-Aprende a no pedir amor, simplemente ama.

5.-Cree en los pequeños milagros de cada día y atiende a las coincidencias, en ellas hay mensajes ocultos que te guían en el correcto camino.

6.-Cada día, haz un acto generoso con alguien cercano.

7.-Si en tu árbol genealógico hubo traumas, sánalos actuando.

8.-Déjate guiar por tu cuerpo, es sabio. Él te alertará de las situaciones de las que debas alejarte, sintiendo tensión y malestar. También te dirá cuando estás alineado con lo que eres, sintiendo relajación y bienestar.

9.-No contamines tu cuerpo con tóxicos o una mala alimentación.

10.-En cuanto puedas, sé independiente. Trabaja utilizando tu creatividad y hazte adulto.

11.-Escribe un poema cada día.

12.-Busca y provoca situaciones que te hagan reír.

13.-Tiende a compartir, a colaborar a ser solidario.

14.-Cuando tengas problemas, puedes analizarlos, puedes hablarlos, pero ten por seguro que hasta que no actúes no se producirá la transformación.

15.- Siente GRATITUD por todo lo que te regala el Universo.

16.- Recuerda que nada en este plano de existencia perece, sino que se transforma.

17.-Lee, estudia, conoce… experimenta por ti mismo.

18.-No te apegues a nada material. No consumas lo que no necesitas.

19.-Tampoco te apegues a ninguna creencia. Lo mismo que tu cuerpo se renueva constantemente, también lo deben hacer las ideas.

20.-Siembra cada día las semillas que te lleguen de dentro o de fuera. La semillas pueden ser palabras, caricias, belleza, acciones. Ellas son los gérmenes de más sabiduría, amor, arte y salud.

21.-Cuida con mimo el territorio que está más allá de tu cuerpo, tu casa, tu barrio, tu ciudad… el planeta y el Universo.

-Alejandro Jodorowsky

lunes, 13 de enero de 2014

¿Qué futuro estamos construyendo?

Una pregunta para hacerse en estas fechas en que uno mira para adelante, a todo este año por venir, con ilusión...

Vale la pena preguntárselo. Un abrazo grande y a disfrutar de este flamante 2014.


Dany

¿Qué futuro estamos construyendo?

  • La austeridad es 'pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos'
  • El sociólogo admite que hoy no hay alternativa viable al capitalismo
  • 'La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial'

Entrevista a Zigmun Bauman

Todo se diluye a nuestro alrededor. Cualquiera diría que la "modernidad líquida" que vislumbró Zygmunt Bauman se ha convertido en un torrente que todo lo arrastra. No va quedando nada sólido a lo que agarrarse. Y lo que es peor: cualquiera diría que hemos pasado de la fase "ultralíquida" a la gaseosa. Todo se está haciendo cada vez más etéreo.

"Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos", certifica el sociólogo y pensador polaco, que sigue trotando infatigablemente por el mundo a sus 87 años. "Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global... En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad".

Acudimos al reclamo del maestro en su terruño adoptivo de Leeds, donde lleva media vida afincado y desde donde observa el mundo con sus ojillos ávidos, entregado al ritual diario de la escritura y del tabaco en pipa. Aspira Bauman el humo por la boquilla, y ya pueden fluir sus largos y ponderados pensamientos sobre la vida líquida.

"La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión".
"Cuando usé la metáfora de la "modernidad líquida", me refería en concreto al período que arrancó hace algo más de tres décadas. Líquido significa, literalmente, "aquello que no puede mantener su forma". Y en esa etapa seguimos: todas las instituciones de la etapa "sólida" anterior están haciendo aguas, de los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, las empresas, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana. Es cierto, hay una sensación de liquidez total. Pero esto no es nuevo, en todo caso se ha acelerado".

Sostiene Bauman que el mundo sólido surgido de los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial ya no es viable. Admite que a él nunca le gustó el término de "estado del bienestar", que se ha acabado convirtiendo en un caballo de batalla ideológico.
"Yo siempre he preferido hablar del "estado social". Se trataba de crear una especie de "seguro colectivo" a la población tras la devastación causada por la guerra, y en esto estaban de acuerdo la derecha y la izquierda. Lo que ocurre es que el "estado social" fue creado para un mundo sólido como el que teníamos y es muy difícil hacerlo viable en este mundo líquido, en el que cualquier institución que creemos tiene seguramente los días contados".

La esperanza es inmortal, sostiene Bauman, que nos invita a defender la sanidad pública, la educación pública o las pensiones mientras podamos. Pero poco a poco habrá que hacerse a la idea de que el "estado social" se irá disolviendo y acabará dejando paso a otra cosa.

Un planeta social
"En este 'espacio de los flujos' del que habla Manuel Castells, tal vez tiene más sentido hablar de un "estado en red" o de "un planeta social", con organizaciones no gubernamentales que cubran los huecos que va dejando el estado. Yo creo sobre todo en la posibilidad de crear una realidad distinta dentro de nuestro radio de alcance. De hecho, los grupos locales que están creando lazos globales como Slow Food, son para mí la mayor esperanza de cambio".
"El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política".
Eso sí, el maestro quiere dejar claro que hay una diferencia entre "lo inevitable" en este mundo líquido y lo que está ocurriendo en la vieja Europa desde que arrancó la crisis: "La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión, por eso ha habido manifestaciones en las calles. Se ha roto el pacto social, no es extraño que la gente mire cada vez con más recelo a los políticos".
Una cosa es la dosis necesaria de austeridad tras "la orgía consumista" de las tres últimas décadas, y otra muy distinta es "la austeridad de doble rasero" que están imponiendo los Gobiernos en Europa. El autor de 'Tiempos líquidos' le ha dedicado al tema uno de sus últimos libros: 'Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global'.
"La austeridad que están haciendo lo Gobiernos puede resumirse así: pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos (los banqueros, los accionistas y los inversores). O lo que es lo mismo: austeridad para España, Grecia, Portugal e Italia, mientras Alemania hace y deshace a sus anchas. Como dice mi colega, el sociólogo alemán Ulrich Beck, Madame Merkiavelo (resultante de la fusión de Merkel y Maquiavelo) consulta todas las mañanas el oráculo de los mercados y luego decide".

Al albur de los mercados
¿Qué hacemos pues con los políticos? "Ése es el gran problema. La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial. Y la razón de fondo es que los políticos no tienen ningún poder, el estado no tiene poder. En el mundo globalizado en el que vivimos, las decisiones las toman los poderes económicos que no entienden de fronteras. El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política".
Pese a todos sus envites contra el sistema, Bauman reconoce que hoy por hoy no hay alternativa viable al capitalismo, que ha demostrado la capacidad de las anguilas para adaptarse a los tiempos líquidos.
"La naturaleza del capitalismo es la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro".
"El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización".

La generación de la incertidumbre
"Recordemos el famoso 'corralito' en Argentina", advierte Bauman. "Luego vino el colapso de Malasia, y la crisis del rublo, y finalmente la burbuja que estalló en Irlanda, luego en Islandia, y en Grecia, y ahora en España. Hasta que no revuelvan el país y lo dejen en una situación límite no dejarán de dar la lata. Mire lo que ha ocurrido en Chipre. El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas".
La última gran preocupación de Bauman es en todo caso la juventud. A la generación de la incertidumbre le dedica su último libro ('Sobre la educación en un mundo líquido'), con especial hincapié en el desfase del sistema educativo y la precariedad económica en estos tiempos ultralíquidos.
"Soy muy consciente del tremendo problema del paro juvenil, que es algo ya común a todos los países occidentales, pero que se manifiesta muy cruelmente en España. Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo, cuando a muchos de ellos no les queda más salida que salir al extranjero o ganarse la vida en trabajos 'basura', después de haber sacado títulos que no les sirven para nada, la gran pregunta es: "¿Qué futuro estamos construyendo?".

Carlos Fresneda – Diario el Mundo

domingo, 22 de diciembre de 2013

Las Fiestas del hemisferio norte


Las fiestas, ese lugar común que nos llena de ansiedad desde el momento mismo en que nos damos cuenta que ¡uuuhh, ya estamos en Diciembre y las fiestas aca a la vuelta!

Y ya estamos dando la vuelta. En un par de días las fechas tan temidas para unos y tan esperadas para otros. Como diría la nena rubiecita de Poltergeist "yaaaaeestannnaaaaquíiiiiiiiiiiiiiii..."

Si me pongo las pilas, después de mi regreso a España, las miraré con cariño, haré un resumen momento a momento y escribiré algo para que este recuerdo lo pueda traer cuando quiera, solo con leerlo.

Mientras tanto, les dejo a Hernán Casciari, que describe perfectamente estar en medio de los recuerdos del Hemisferio Sur mientras se viven las fiestas en el Hemisferio Norte, como siempre, no tiene desperdicio. 

Un saludo amigos, a disfrutar a pleno de estas fiestas y que la vida les sonría.

Dany
Las Fiestas del hemisferio norte - HERNAN CASCIARI

Toda mi vida he asociado la noche de reyes con un olor y un sonido. A las madrugadas del cinco al seis de enero, como toda criatura ansiosa, yo no las dormía sino que las soportaba en vela, conteniendo la respiración e intentando escuchar los pasos de los camellos sobre el mosaico. En la oscuridad de la noche, sin embargo, solamente se podía distinguir el runrún del ventilador. Ahora ya soy grande, pero cada vez que me despierto con el ventilador prendido, el corazón me late como si al lado de mis zapatos pudiese haber regalos.
El olor que recuerdo con más emoción es el de los espirales fuyí para los mosquitos. La única luz de aquellas madrugadas era la candela encendida de esos mata-insectos inocentes, antiguos y verdes, que soltaban un aroma a infancia y a monarquía oriental, y que me protegían de las ronchas matinales. El ventilador y el espiral siguen siendo hoy, para mí, dos milagros que al mezclarse me evocan la ansiedad infantil del fin de año, de las Fiestas y de la noche de los Reyes Magos.
También recuerdo con emoción esta canción de la época, a la que el lector argentino le pondrá música mentalmente sin esfuerzo:

Llegaron ya los reyes, eran tres,
Melchor, Gaspar, y el negro Baltasar.
Arrope y miel le llevarán
y un poncho grande de alpaca real.
Changos y chinitas duérmanse
que ya Melchor, Gaspar y Baltasar
todos los regalos dejarán
para jugar mañana al despertar.

Los países que tienen la desgracia de pasar diciembre y enero entre bufandas, estornudos y calefactores, celebran las Fiestas sin ganas, como si el festejo fuese una tortura que hay que soportar una vez cada doce meses. Como los chequeos médicos, las declaraciones juradas y los discos de Calamaro.
En algunas partes de España, por ejemplo en la que vivo yo, ni siquiera existe Papá Noel. Lo que hacen es conseguir un tronco de madera, lo tapan con una frazada y le pegan con un palo hasta que "caga" regalos. El ser sobrenatural no viene del Polo ni tiene barba ni es gordo ni va en trineo. El ser sobrenatural es un tronco y se llama Tió. La canción que se canta en Cataluña mientras se apalea la Navidad es la siguiente:

Caga tió , caga turró
d'ametlles i pinyó
i si no cagues bé,
et fotré un cop de bastó!

Lo que traducido al argentino sería como cantar:

Cagá Papá Noel,
cagá turrón de miel,
y si no cagás regalos,
te cagamos bien a palos.

A pesar de esta tradición violenta, en las Fiestas del hemisferio norte los petardos suenan más despacio, los parientes más iracundos nunca llegan a las manos, los regalos de Melchor son más caros pero menos valiosos, en las mesas no hay piononos ni mucho menos salpicón de pollo, y los chicos se congelan como estalactitas antes de que llegue el ser sobrenatural que corresponda a cada región y se chamusque el culo en la chimenea.
Mientras escribo esto es un jueves de diciembre, tengo treinta y cinco años y hace frío. Sin embargo, pasé mis primeros veintinueve diciembres con calor, en patas o en chancletas y abriendo la heladera cada dos minutos para buscar los cubitos. Ahora hace seis diciembres consecutivos que canto el "caga tió" al lado de una estufa, como un viejo choto o un esquimal achanchado, y todavía no me puedo acostumbrar a este espantoso clima español del fin de año. Ni tampoco a lo que llega después, que es todavía más ridículo: el carnaval en invierno. Las mascaritas con campera. El rey momo pidiendo a gritos que lo quemen.
Las películas y las series de la televisión, que casi siempre vienen desde Norteamérica, nos acostumbraron a convivir —visualmente— con las navidades blancas del hemisferio norte, con los gorros de lana que usaba Michael Landon cuando le construía los trineos de madera a sus tres hijas, con las compras de último momento en la helada Nueva York, donde el humo aparece nítido desde las alcantarillas y las bocas de subte.
Es decir, los habitantes del cono sur entendemos con ojos de videotape la vulgaridad que representa pasar la navidad con frío. Pero no la podemos entender con el cuerpo. Y, lo que es lo mismo y hasta más grave, no la podemos soportar cuando se nos acerca, blanca y radiante como la novia de Antonio Prieto.
Lo más preocupante de las culturas frías es que no se puede sacar la mesa al patio para ver llegar el nuevo año. Y eso genera que las conversaciones sean tediosas, programadas y prolijitas. No sé por qué ocurre esto, pero el español, cuando está bajo techo, tiende a construir sobremesas sin gracia. En cambio cuando lo alumbra la luna, las estrellas y los faroles del jardín, se da el lujo de ser más natural, de tirarse pedos sin disimulo y de cortejar abiertamente a las cuñadas.
En España, a las doce de la noche del 31 de diciembre, todos los televisores de todas las casas están encendidos; eso es lo que se llama empezar mal el año. Generalmente en la tele se ven a unos personajes conocidos, con abrigos hasta el cuello, en una plaza pública donde hay un edificio con un reloj enorme. Cada año, el pueblo ibérico tiene por costumbre comer una uva por cada campanada que suena en la televisión, hasta engullir exactamente una docena en doce segundos. Esto les parece a todos muy divertido, porque fingen atragantarse o fingen que les cuesta mucho hacerlo.
Desde las once de la noche, además, los presentadores de la televisión le explican a la población civil que no hay que confundir los cuartos con las campanadas. Lo explican de esta manera:
PRESENTADOR: —«Un repiqueteo intenso acompaña el descenso de la bola; a continuación comienzan los cuatro cuartos, que no es el momento en que ustedes se toman las uvas; e inmediatamente después, casi simultáneo al cuarto cuarto, la primera campanada, donde sí ustedes deben tomarse las uvas».
En Argentina nadie sabe exactamente qué programa pasa la televisión a las doce de la noche del 31 de diciembre. Me imagino que alguna misa, o una película donde Jesús es hermoso y tiene los ojos parecidos a Robert Powell. La gente normal está en el patio, peleándose con los mosquitos y los cascarudos. Yo creo que la presencia cercana de insectos nos ayuda mucho a liberarnos de los códigos y los reglamentos. No es lo mismo conversar cuando el animal más cercano es un locutor de televisión, que charlar mientras una vaquita de san antonio te camina por el antebrazo.
En España, como es lógico, no hay insectos en Navidad. Ni ventiladores, ni patios, ni artilugios ingenuos contra los mosquitos. Tampoco suena la sirena de los bomberos a las doce en punto del nuevo año, ni se ilumina el cielo con fuegos artificiales caseros y mortíferos, ni un vecino saca el revólver y tira balazos al aire, ni otro vecino muere al instante por culpa de una bala perdida, ni se cae tu suegro borracho a la pileta, ni las mujeres se pasan la tarde cortando frutas para la ensalada, ni las amigas de tu hermana se aparecen a la una y media para ir a bailar, semidesnudas y alegres, ni te llama por teléfono a las doce en punto un pariente emigrado desde España, para decirte que allí ya son las cinco de la madrugada, que todos duermen y que en las calles desiertas hay dos grados bajo cero.
Ahora, que el pariente estúpido que llama soy yo mismo, esas comunicaciones telefónicas me revuelven el estómago.
Es que detrás de la voz de mi madre o mi padre o mi hermana, detrás de la conversación trivial y del cómo la están pasando, detrás de las enhorabuenas y de los deseos recíprocos, escucho siempre esos gritos veraniegos, los estruendos y los petardos, a los chicos que gritan o se zambullen, las sirenas y la música de fondo. A veces, si pego bien la oreja al auricular, también escucho mi voz, mi propia voz de los veinticinco años, mi voz antigua allá a lo lejos, que arrastra las erres, y que está conversando con mi cuñado al lado de la parrilla.

lunes, 9 de diciembre de 2013

las 10 principales estrategias de manipulación mediática según noam chomsky

Después de ver el vídeo que compartí con ustedes, "La indefensión aprendida", me puse a investigar un poco sobre este tema, y aquí les comparto algo genial que vale la pena leer. Sigo buscando, y espero vuestras opiniones.
¡Buena semana!

las 10 principales estrategias de manipulación mediática según noam chomsky

El lingüista estadounidense Noam Chomsky enumera diez recursos utilizados por los medios para manipular la opinión pública a favor de diversas agendas corporativas o gubernamentales.

El reconocido y siempre crítico lingüista del MIT, Noam Chomsky, una de las voces más respetadas y consolidadas de la disidencia intelectual durante la última década, ha compilado una lista con las diez estrategias más comunes y efectivas que siguen las agendas “ocultas” para manipular al público a través de los medios de comunicación.

Históricamente los medios masivos han probado ser altamente eficientes para moldear la opinión general. Gracias a la parafernalia mediática y a la propaganda se han creado o destrozado movimientos sociales, justificado guerras, matizados crisis financieras, incentivado unas corrientes ideológicas sobre otras e incluso se da el fenómeno de los medios como productores de realidad dentro de la psique colectiva.

¿Pero cómo detectar las estrategias más comunes para entender estas herramientas psicosociales de las cuales, seguramente, somos partícipes? Por fortuna Chomsky se ha dado a la tarea de sintetizar y poner en evidencia estas prácticas, algunas más obvias y otras más sofisticadas, pero aparentemente todas igual de efectivas y, desde un cierto punto de vista, denigrantes. Incentivar la estupidez, promover el sentimiento de culpa, fomentar la distracción o construir problemáticas artificiales para luego, mágicamente, resolverlas, son sólo algunas de estas tácticas.

1- La estrategia de la distracción.
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja con los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana o planear y ejecutar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

 3- La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. De esa manera condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (como el neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- La estrategia de diferir
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

 5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se pretenda engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional y por ende al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones o inducir comportamientos.

 7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que el nivel de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores” (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas).

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Promover en el público la idea de que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.

9- Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autoinvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

 10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el que los individuos tienen y ejercen sobre sí mismos.


Noam Chomsky - Publicado por Radio Macondo 

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cerca pero lejos

Hola gente linda,
Interesante reflexión sobre las comunicaciones hoy en día, como las usamos y como nos afectan...Insisto sobre este tema porque lo veo a diario, y hay que mejorarlo...

Cerca pero lejos - Por Guillermo Jaime Etcheverry 

Nos hemos habituado a estar junto a personas que, con disimulo o sin él, escapan de la conversación que mantienen con nosotros sin necesidad de alejarse, les basta con fijar su atención en algún dispositivo móvil. Con exaltada avidez buscan los últimos mensajes o repasan noticias a cada instante como si de ellas dependiera su vida. Más allá de la falta de cortesía que supone el demostrar de modo rotundo el escaso interés por la presencia real del otro, nos hemos ido transformando en avaros de la atención que le prestamos, ya que, como lo señala Simone Weil, "la atención es la más escasa y pura forma de generosidad." Esa dispersión de la atención, que nos lleva a ignorar al otro, es un rasgo que caracteriza a nuestra sociedad. Hablando hace poco a los graduados del Middlebury College en Vermont, el escritor estadounidense Jonathan Safran Foer comentó que la tecnología actual exalta la conectividad pero, paradojalmente, estimula el aislamiento, ya que tendemos a olvidar al prójimo próximo.

El ejemplo al que recurre Foer es convincente: al no poder vernos unos a otros cara a cara, el teléfono permitió mantenernos en contacto aun estando a distancia. Los contestadores hicieron posible esa interacción prescindiendo de la presencia de la persona junto al teléfono. La comunicación móvil y en línea sucedió a la telefónica. Los mensajes de texto facilitaron luego un contacto más rápido con la ventaja de la movilidad. Aunque el objetivo de estos inventos no fue el de mejorar la comunicación cara a cara, terminaron por convertirse en sustitutos del contacto personal, prótesis más pobres pero aceptables.

Como demandan un menor esfuerzo, pasamos a preferir esos sustitutos tecnológicos empobrecidos. Efectivamente, es más fácil hacer un llamado telefónico que ver a alguien en persona. Dejar un mensaje en el contestador es más sencillo que mantener una conversación telefónica, ya que se puede decir lo que se quiere sin exponerse a la réplica. Por eso, comenzamos a dejar mensajes cuando sabemos que no habrá nadie para responder nuestro llamado. Los mensajes de correo electrónico son todavía más convenientes porque ocultamos las inflexiones de la voz que trasuntan emoción y, además, evitamos encontrarnos accidentalmente con el destinatario. El breve mensaje de texto es aún más fácil porque ni siquiera requiere prolijidad en la redacción. Cada una de estas tecnologías ha hecho posible eludir el trabajo emocional que supone la presencia: es mucho más fácil transmitir información que cultivar humanidad.

De este análisis esbozado en grandes trazos, Foer concluye que al aceptar e incluso preferir estos sustitutos disminuidos, también nosotros nos vamos convirtiendo en pobres sustitutos de las personas que somos. Máquinas entre máquinas, al acostumbrarnos a decir poco, nos habituamos a sentir poco. Es que si bien crece la comunicación, en realidad lo hace con contactos o seguidores, entidades virtuales a las que, por resignada y nostálgica extensión, llamamos amigos. Resulta curioso que una cultura que ha desarrollado la comunicación hasta extremos impensables, se resigne a dejar en el camino muchos de los rasgos esenciales de nuestra humanidad que son los que contribuyeron a crear esa cultura.


El mundo está hoy al alcance de la mano, pero se aleja de nuestros corazones. De estos cambios culturales profundos no es factible ni deseable regresar ya que han expandido nuestro horizonte de posibilidades. Pero dado que esta tendencia a la proximidad distante aumentará en el futuro, no sólo hay que celebrar lo que indudablemente hemos ganado, sino también reflexionar sobre lo que hemos ido perdiendo al acceder a vidas más veloces, más ubicuas que parecen ser, sin embargo, más dispersas y superficiales. El desafío que enfrentamos es el de encontrar un balance, un punto de equilibrio en el que asentarnos para elegir lo que mejor nos permita meditar sobre el sentido de esas, nuestras vidas.

Gabriel José García Márquez

Gabriel José García Márquez   Aracataca ,   Magdalena ,   Colombia ;   6 de marzo   de   1927 Ciudad de México ,   México ;   17 de abril   ...